La Verdad Más Oscura y Profunda
Un silencio aún más denso que los anteriores se apoderó de la iglesia, si es que eso era posible. La gente que ya se dirigía a la salida se detuvo en seco, atraída por la nueva tensión en el aire, como polillas a una llama peligrosa. Los ojos de todos se clavaron en Elena, que ahora, a pesar de su fragilidad, emanaba una extraña y terrible determinación




